sábado, 6 de diciembre de 2014

SENTIMOS CANSANCIO
Cansancio. Palabra cuya definición se corresponde con sinónimos como aburrimiento, desagrado o hastío.
Supongo que la mayor parte de la sociedad española lo padecemos, padecemos cansancio de tanta tiranía, tanta corrupción, tantos robos de cantidades superlativas de dinero por parte de políticos y banqueros. Sentimos cansancio de ser los ciudadanos de a pie los que tengamos que pagar las consecuencias de sus estafas. Sentimos cansancio del engaño que sufrimos día tras día; sentimos cansancio de que ellos no tengan vergüenza. Cansancio de ver cómo se lo llevan todo mientras hay gente en la calle sin nada, porque, lamentablemente, con el tiempo, se ha hecho rutina ver a personas sin hogar, desahuciadas, o ciudadanos que tienen que hacer malabares con el poco dinero que poseen para llegar a fin de mes, o que incluso tienen que acudir a los bancos de alimentos. Sentimos cansancio de tanta injusticia, de tanta desigualdad, de escuchar como aseguran reiteradamente no infringir ninguno de los derechos de los ciudadanos cuando la realidad demuestra lo contrario.
Sentimos cansancio, y al parecer ellos todavía no se han cansando lo suficiente como para dejar de reírse y jugar con todo el país.




domingo, 23 de noviembre de 2014

DON JUAN TENORIO

Aquel 31 de octubre de 1545, doña Inés se despertó con la extraña sensación de que algo terrorífico acontecería durante las próximas horas. Pero ese mal presagio se desvaneció cuando a sus manos llegó una carta de su amado licántropo Don Juan, en la que además de declararse totalmente enamorado de ella, le comunicaba que aquella misma noche, cuando el crepúsculo inundase la ciudad, acudiría en su búsqueda. Entraría por la parte trasera de la institución vampírica, donde ella recibía la formación pertinente para ser una auténtica vampira, y la esperaría a los pies de la enrejada ventana de sus aposentos.
Ambos sabían que su historia de amor era imposible ya que pertenecían a estirpes diferentes: él era un hombre lobo y ella formaba parte de una de las familias vampiresas más conocidas y poderosas de la región; por ello y para ver realizada su relación, la escalofriante decisión que habían tomando era huir al bosque, lugar que se hallaba fuera de los límites del reino, y a donde estaba terminantemente prohibido acercarse.
Cayó la oscuridad. Los noctámbulos murciélagos salieron de sus cuevas para realizar sus habituales rondas. El silencio lo llenaba todo. Solo se podían escuchar unos sigilosos pasos avanzando por el pedregoso sendero. Era Don Juan, que venía a rescatar a su querida. Al percatarse de que éste ya había llegado, doña Inés salió, con sumo cuidado para no ser vista, al encuentro con el licántropo. Sin tiempo que perder, los amantes corrieron en dirección al tétrico bosque; pero a pocos metros de alcanzarlo, divisaron decenas de antorchas que hacían guardia y esperaban para aniquilar su huida. Era el Comendador y su ejército de inmortales, que con ira atraparon a don Juan, separándole de la joven, la cual fue arrastrada contra su voluntad al lado de su padre, el Comendador. El resto de los crueles vampiros, ferozmente, se dispusieron a clavar a don Juan una daga para así acabar con su vida. Fue en ese mismo instante cuando doña Inés, escapándose de los brazos de su progenitor, se interpuso para proteger al hombre lobo de manera que el arma atravesó a los dos amados a la vez. De esta forma, quedaron tendidos en el suelo y permanecieron unidos para siempre como ellos deseaban.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

AUTORRETRATO LINGÜÍSTICO

Mi lengua materna fue el español. Nací en un pequeño pueblo de Navarra, muy cerca de La Rioja, zona poco influenciada por el euskera, a diferencia del área norte de la Comunidad Foral. A pesar de ello, el colegio donde estudié Infantil y Primaria, ofrecía la posibilidad de estudiar dicha lengua como segundo idioma durante cuatro horas semanales. Mis padres nunca dudaron de aprovechar ese aprendizaje, sobretodo porque mi madre es natural del País Vasco y desde bien pequeña estudió vascuence.
En el primer curso de la enseñanza obligatoria comencé con el inglés; las clases eran divertidas, y básicamente se basaban en aprender vocabulario a base de canciones, juegos… en definitiva, de forma lúdica. A lo largo de toda esta etapa mostré gran interés por el idioma y facilidad para adquirirlo, lo que me hizo participar en actividades varias tales como un campamento con monitores nativos, clases de conversación con una profesora londinense y otras muchas experiencias en las que este idioma era el “protagonista”.
Una vez en tercero de Primaria tuve la ocasión de escoger la optativa de francés, pero como bien he dicho con anterioridad, continué cursando el euskera hasta los once años, alcanzando un alto nivel para esa temprana edad.
Al pasar a la ESO, mi familia y yo nos trasladamos a Santander, ciudad natal de mi padre. Como es obvio, en esta Comunidad no se habla euskera, por lo que dejé de estudiar esa lengua como segundo idioma; teniendo que optar por el francés, en el que no estaba instruida. A pesar de mis primeros miedos frente a la novedad, los resultados que obtuve en esta asignatura fueron satisfactorios  durante los dos años que lo cursé, pero no fue motivación suficiente para continuar con su estudio.
A día de hoy puedo decir que soy monolingüe y poseo un nivel de inglés suficiente como para desenvolverme de forma correcta en este idioma, por el que siento un importante interés. Por ello, parte de mi tiempo libre lo invierto en ver y escuchar series y vídeos en la lengua anglosajona. Además, en escasos días realizaré un intercambio organizado por el departamento de inglés del instituto a Launceston, Reino Unido, donde podré convivir con este idioma en toda su esencia. 

sábado, 12 de abril de 2014

CONSTRUYENDO LA FELICIDAD

20 de septiembre, lunes, siete y cuarto de la mañana. Sonó el despertador. Otra vez, otro curso más. Comenzaba la rutina de nuevo. Me levanté, lavé mi pálido rostro, desenredé mi largo pelo color caoba y, como de costumbre, me quedé mirando mi imagen en el espejo del aseo, preguntándome por qué cada vez me quería menos, qué había hecho para merecer aquella gris y monótona vida, por qué tenía una autoestima tan cambiante, cuándo encontraría mi sitio. Cuántas preguntas. Lo único que me consolaba pero que tampoco respondía a ellas era que quizá ahora llegaría el cambio, nuevo curso, nuevo instituto, nueva ciudad; había posibilidades de que gracias a pequeñas y a la vez grandes cosas consiguiera lo que siempre había querido: sentirme feliz. Me quedé inmersa en mis pensamientos reflexionando sobre esto hasta que una voz me bajó de la nube.
- Hija… Será mejor que te des un poco más prisa y no pierdas tanto el tiempo si no quieres llegar tarde el primer día de clase. Todavía tienes que vestirte, desayunar…
- Mamá, vale, ya voy – la interrumpí – En serio, me agobias. – afirmé seria y con cara de cansancio.
- Perdón, cariño. Ya sabes que entre el trabajo, la nueva casa y todos estos cambios estoy  un tanto alterada. Será mejor que lo tome todo con más calma. Perdóname, cielo. – dijo mientras me daba un beso en la frente.
- Ya, bueno, no pasa nada, supongo que todos estamos alterados.
- Sí. Hasta que nos acostumbremos… ¡Ay! ¡Si casi son las siete y media! ¡Y todavía hay que despertar a tu hermano! Malditos móviles… no sé para qué los queréis si luego no hacéis uso de lo que ofrecen, como las alarmas, por ejemplo. Y por cierto, ¿dónde está el mío? Ah, ahí, qué susto, ya pensaba que tenía que perder más tiempo en buscarlo…
Solté una carcajada. Era muy cómico ver cómo mi madre se estresaba y contradecía sus propias palabras.
-¿No decías que será mejor calmarse un poco? Quizá deberías aplicártelo. – dije sonriendo.
-Sí, bueno, ya… ¡Venga hija, no tenemos tiempo! Vete a tu cuarto a vestirte ¡Corre!
Obedecí ya que lo único que deseaba era no llegar tarde el primer día de clase; desayuné un té con leche mientras leía unas pocas páginas del libro que en aquella época tenía entre manos: “Las ventajas de ser un marginado”. A continuación me dirigí a mi armario para vestirme: vaqueros cortos, camiseta blanca, chaqueta negra, y calzado del mismo color. Siempre vestía con colores oscuros ya que dicen que la ropa define nuestra personalidad y esa gama creo que lo hacía, me describían a la perfección. Finalmente cogí mi mochila y justo en ese instante mi madre gritó:
-¡Chicos! ¿Estáis listos ya? Vamos justos de tiempo será mejor que vayamos yendo ya.
De camino al instituto fui observando mi nueva localidad. Parecía tranquila y además era muy bonita. Tenía mar y eso me encantaba, ese simple hecho me daba una sensación de libertad. En definitiva me gustaba la ciudad y me alegraba ya que esto podía ser uno de los ladrillos para construir mi felicidad.
Tras unos diez minutos en coche allá a lo lejos se hallaba el instituto. No era muy grande, pero estaba rodeado por una vasta valla en la que en aquel instante se encontraban apoyadas unas chicas que aparentaban mi edad, reían y se abrazaban, probablemente no se habían visto en todo el verano. Tenían una apariencia un tanto… pija.
- ¡Vaya! Parecen de tu edad, hija. ¿Por qué no te bajas y te acercas a ellas? – dijo mi madre.
- Basta mamá, no empieces. No parecen ser de mi estilo… creo que no me sentiría a gusto con ellas.
- Cielo, debes hacer amigos y conocer gente. Ya sé que no es fácil, pero a ser posible debes comportarte de una forma más abierta.
- Ya lo sé. Pero es que no quiero hablar con esas chicas, no me llevaría bien con ellas. Quizá me equivoque pero…
- Bueno, está bien, si lo consideras así… Anda, vete yendo ya. ¡Y a ver si no se te olvida que a la vuelta debes coger el autobús, que yo no podré venir a recogerte!
- Ah, sí. Ya no me acordaba. Gracias por habérmelo recordado. Bueno, hasta luego mamá, que te vaya bien el día.
- ¡Igualmente! Mucha suerte, mi vida.- dijo guiñando un ojo.
Bajé del coche y entré directamente al recinto, busqué mi clase y me dispuse a entrar en ella. Había unas quince personas repartidas en pequeños grupos. Me llamó la atención un chico sentado al fondo del aula. Estaba solo. Me fijé que leía un libro. Me acerqué a él y me senté a su lado.
-¿Qué lees? – pregunté.
Se sorprendió. Creo que estaba tan centrado en la lectura que ni siquiera se había dado cuenta de que me había sentado en el pupitre de la izquierda.
-“Las ventajas de ser un marginado.” Fantástico libro, sin duda.- dijo mostrando una sonrisa.
Al decir estas palabras y al levantar la cabeza del libro, pude comprobar que tenía los ojos azules, la piel morena, y el pelo era castaño muy claro, casi rubio.
-Qué curioso – dije riendo – ahora mismo yo también estoy leyendo ese libro. Pero bah, hay libros mejores.
El chico sonrió de nuevo, y en definitiva tenía una sonrisa preciosa.
-Va a ser que somos compañeros de mesa ¿no? Así que… ¿puedo saber tu nom…?
De repente entró una mujer de unos cincuenta años en el aula, era la tutora. Todos los que se encontraban de pie charlando ocuparon sus sitios y comenzó la clase. Se presentó, nos indicó que sería nuestra profesora de biología y a continuación tuvo la idea de realizar una actividad para que nos conociésemos y que consistía en pasarnos un tubo de ensayo, decir nuestro nombre y repetir el de los demás. Gracias a esto supe que el nombre de mi compañero era Carlos.
La mañana transcurrió mucho mejor de lo que me esperaba. Me lo pasé realmente bien. Tuve la sensación de que había conocido a alguien importante, Carlos y yo compartíamos muchísimos gustos, forma de pensar y congeniábamos muy bien. Y esto me alegraba ya que podía ser otro de los ladrillos para construir mi felicidad.

 

lunes, 3 de marzo de 2014


DIEGO Y SERNA ASISTEN A LA INAUGURACIÓN DE UN AULA SIN CÁMARAS EN EL IES LAS LLAMAS

El pasado viernes 28 de febrero Ignacio Diego y Miguel Ángel Serna acudieron a la apertura de una nueva y novedosa instalación denominada “Aula sin cámaras” en el Instituto Las Llamas. Dicha clase servirá para satisfacer las necesidades afectivas entre dos alumnos de 3ºB.

Tras muchas semanas insistiendo a la Consejería de Educación de Cantabria, por fin, los alumnos de 3º de ESO B han conseguido la creación de este espacio destinado a Alan Álvarez y Pelayo Martínez, pero que puede emplear cualquier alumno que esté en la misma situación que estos.

La apertura de esta sala se ha visto obligada debido a que durante todo el periodo del curso 2013-2014 hasta la fecha, en la clase de lengua castellana los alumnos advertían una profunda relación de amistad, afecto y cariño entre los compañeros Pelayo y Alan. Estos, en vez de escuchar atentamente las indicaciones del profesor, invertían el tiempo en dedicarse miradas, gestos y palabras de un extremo a otro de la clase. Hasta que un día, el docente Enrique Castillo, acabó con la incomodidad que sentía el resto del grupo, (que se limitaba, día tras día, a callar para no perturbar la relación entre Pelayo y Alan) proponiendo la creación de un aula sin cámaras para que los susodichos pudieran mantener esas interacciones de una forma más privada y dejar al resto de los compañeros disfrutar de unas clases de lengua y literatura relajadas y sin tensiones.

Durante la ceremonia de inauguración (a la que han asistido todos los estudiantes de tercero, el profesor de lengua, y el ministro de Educación y el presidente de Cantabria), Enrique declaraba: “La construcción de este aula es por el bien de todos, tanto de ellos como del resto de la clase”. “Ya no se podía aguantar, era muy incómodo, así estaremos mejor” afirmaba también Cristina Álvarez, compañera de mesa de Alan. E incluso Miguel Ángel Serna nos comunicaba “La propuesta nos pareció tan buena que desde la Consejería no dudamos ni un instante en hacer recortes en otras partidas presupuestarias para poder llevar a cabo esta magnífica idea”.

El centro espera que se cumplan las expectativas de mejora y bienestar por las que se ha creado la sala y que otros colegios o institutos utilicen esta iniciativa en caso de que en sus aulas también se den situaciones similares a esta.